Príncipes, gallinas y otras sorpresas

Pese a que no hace ninguna falta (puesto que su blog recibe bastantes más visitas que el mío), voy a hacer propaganda de CPA con uno de los artículos que más me han gustado: cultura, humor y una forma de escribir que me parece sensacional (y no es peloteo). ¿Que dónde encuentro esto? Una vez más: http://www.curiosoperoconarte.blogspot.com/
 
 

PRÍNCIPES, GALLINAS Y OTRAS SORPRESAS

 

Descarga recomendada: Haydn, Joseph: Sinfonía nº 83. Primer movimiento: Allegro spintoso. 

No, no he perdido los papeles, ni estoy tomando demasiados antihistamínicos. Pongo primero la descarga recomendada por una buena razón: porque al final del artículo les voy a proponer una adivinanza para la que van a necesitarla. Y la adivinanza, adelanto, no es el significado de la palabra “spintoso”, aunque si alguien tiene la amabilidad de decírmelo se lo agradeceré en grado sumo… 

Si por algo triunfó Franz Joseph Haydn, Paco Pepe para los amigos, en esto de la música, no fue solamente por componer mucho y bien y además a la última moda (en su época, claro). Fue en parte, creo yo, por su extraordinario y sutilísimo sentido del humor. El suyo y el de sus amigos. Un par de anécdotas para apoyar mi teoría:

Trabajaba nuestro Paco Pepe, allá por el siglo dieciocho, como músico de los Esterházy, familia austríaca de príncipes, nobles y otros personajes de alto postín, casi casi tan influyentes como el dueño de Zara. Huelga decir (nunca mejor dicho) que hablar en aquella época de derechos del trabajador era como hablar de los derechos del champiñón soriano, más aún si trabajabas para un príncipe. Pero los músicos de la orquesta del príncipe Esterházy no estaban demasiado satisfechos con sus condiciones laborales, y a Paco Pepe le tocaba siempre ir a hacer de intermediario entre las protestas de los unos y las respuestas del otro (que, podemos presumir, no siempre fueron amables). Un buen día, tan bueno como cualquier otro, en que los músicos le pidieron que intercediera por ellos para conseguirles unos días libres (que al parecer hacía mucho que no disfrutaban), Paco Pepe decidió que no le apetecía jugarse el tipo. Y pensó otra manera de pedirlos: con la música. Compuso una sinfonía en la que, al final, los intérpretes van terminando su parte, apagando la vela de su atril y abandonando sucesivamente el escenario, hasta que solo queda uno. Nace así “Los adioses”, primera “canción protesta” de la Historia. Por cierto, el príncipe captó la indirecta y les dio vacaciones.

También durante su empleo con esta familia, que duró treinta años, le molestaba muchísimo a Paco Pepe que la gente fuera a sus conciertos por ir, porque era de buen tono. No era ya que algunos se aburrieran visiblemente, sino que era habitual que el público se quedara dormido. Para estos bellos durmientes, Paco Pepe Haydn compuso especialmente la sinfonía “Sorpresa”. La “sorpresa” consistía en que, tras un laaargo fragmento suaaaveee…, melóóódicooo…, duuulceeee…

 

¡¡¡¡BLAAAMM!!!! 

 

Venía un golpe de timbal que resquebrajaba los cimientos. Tenía mucha mala leche Haydn a veces.

En otros casos, eran los amigos de Haydn, a los que el compositor tenía seguramente prohibida la entrada a los conciertos pero iban de todos modos, los que pasaban el rato buscándole las vueltas a la música y bautizando las sinfonías. Es el caso de “El oso” (en la que un trocito les recordaba a un oso) , “El reloj” (ídem) o “Redoble de tambor” (nótese aquí el derroche de imaginación). 

Y aquí viene la adivinanza: descargado ya el allegro de la sinfonía 83, a ver quién es el primero en acertar por qué estos intelectos desperdiciados la dieron en llamar “La gallina”. Pista: minuto cuatro y unos diez segundos

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