Abrazos gratis

Seguimos con una temática parecida. A mi me ha gustado mucho…

Usa protector solar

Bueno, esto es uno de esos típicas cosas que normalmente me parecen odiosas, pero esta vez, quizás por el momento, quizás porque no cae en muchas pamplinas utópicas, me ha llegado. Gracias, Susana.

Borrador

Bueno, esto es un borrador que tenía por ahí y que lo sitúo en el tiempo después del Pasen y vean. Es corto y no está acabado; y no lo acabo porque no es válido para ahora mismo, y lo publico porque sí lo era en su momento. Salud.
 
A pesar de lo que creo que se desprende de mi primer artículo (recientemente me he enterado de que también se llaman posts), estoy ilusionado con esto del blog. Tan ilusionado que siempre que me siento delante del ordenador no puedo evitar pensar en colocarle otra pequeña piedra. Esto hace que haya estado curioseando los de otra gente, cosa que jamás se me había pasado por la cabeza, y que me haya entrado una cierta envidia. ¿De qué? Pues no lo sé; tal vez de lo bien que escriben, de los temas que que se les ocurren, de cómo pueden sacarle tanto jugo a algunas nimiedades o incluso del tamaño de sus artículos (qué le voy a hacer… soy hombre… 

Mi jefe

Es un tacaño. Porque le montó un pollo a su secretaria porque tuvo que pagar de su bolsillo una bolsa de caramelos Dia.
Es un ladrón. Porque hizo pagar a cada asistente lo que costó la calçotada de la empresa, cogió el dinero y pagó con la tarjeta de la idem.
Es un embustero. Porque nos ha repetido hasta la saciedad que nadie se iba a mover del puesto de trabajo cuando sabía que era mentira desde el principio.
Es un corrupto. Esta parte me la callo.
Es un tacaño. Porque a sus empleados no les proporciona ni USBs de propaganda.
Es un baboso. Porque se pasa el día tratando de seducir a sus empleadas.
Es un gordo. Porque come mucho.
Es un tacaño. Porque se va a comer al peor restaurante del barrio porque le admiten tickets restaurante para los cafés.
Es un alopécico. Porque los pelos se le van moviendo de la cabeza a la nariz y orejas.
Es un adefesio. No sé la razón, pero así es.
Es un tacaño. Porque se pasó horas ante la puerta tratando de revender unas entradas para un conciertillo en lugar de regalarselas a alguien.