Ojos y nariz

Miras de frente y sólo ves una nariz. Es la tuya, pero no lo sabes. Para ti es la única; lo único, en principio. Pero esto tampoco lo sabes porque ni siquiera ves que tiene un borde, un final; para ti se va oscureciendo según llega a la punta hasta que no ves nada. No es una nariz muy sensible ya que sólo distingue dos olores: agradable y desagradable. Si hueles algo agradable, tratas de dirigirte a ello para acercarlo a tu campo de visión y así disfrutarlo. Si es desabradable, te alejas.

Cuando hueles algo agradable y te acercas hasta poder verlo, vas descubriendo todo tipo de cosas diferentes. Cosas que se instalan sobre tu nariz y permanecen allí hasta que, por la razón que sea, empiezan a oler mal y debes alejarlas; o simplemente pierden su fragancia, con lo que desaparecen. Porque aunque tú no puedes saberlo, también hay cosas que no hueles, que no sabes que están. Puedes pasar por encima de esas cosas sin darte cuenta o chocarte con ellas, cosa que les hace emitir olor desagradable. Sólo entonces te das cuenta de que existen, y que, naturalmente, debes alejarlas. En este sentido, te sientes especialmente mal cuando tratas de alejar un olor desagradable que no parece marcharse.

Hay muchos tipos de cosas que almacenas sobre tu nariz. Tu mujer, tu hija, amigos, dinero, un coche, el sexo, una relación sexual, una felicitación, alguien a quien has vencido, un bistec de ternera poco pasado, el fútbol de los domingos… Muchas cosas, muchas cosas agradables. Eso no quiere decir que te lo pases maravillosamente, ya que de todas partes vienen olores pestilentes que te disminuyen el disfrute de las cosas que tienes sobre tu nariz.

Y esta es otra cosa que tampoco sabes: allí fuera, donde se pierde la vista, hay otros como tú. Otros formados de una nariz y un par de ojos que la miran. Sí, sé que en algún momento te has llegado a plantear que algunas de esas cosas especialmente agradables que hay sobre tu nariz podrían ser semejantes a ti, pero lo que te digo es aún más llamativo. No sólo esas son como tú sino que hay muchas mas, de las que a ti sólo te llegan olores. Y lo más sorprendente, para todas esas otras cosas, tú sólo eres un olor más, y desagradable en algunos casos. De hecho, puedes ser inodoro: para algunos no existes. En ese caso puede ocurrir que pasen por encima de ti, apestando, pero sin enterarse. Eso también lo haces tú, claro; no eres diferente.

Ahora podría decirte muchas cosas. Que algunas de esos seres como tu, que a ti te huelen bien, tú les hueles mal. Que hay olores malos que te persiguen que no son más que otros a los que les gusta el olor que desprendes cuando huyes del suyo y no puedes (reconoce que también te pasa a ti) y otras muchas cosas. Pero no creo que sirva de nada que te las explique porque en estos momentos, puede que hace un rato, esto ya empieza a desprender un olor desagradable, con lo lo que lo apartarás inevitablemente.

Aunque también es posible que no hayas llegado a olerlo…

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