Crónica deportiva

Este fin de semana he estado jugando las 24 horas de baloncesto en Vilassar de Dalt. Me duele desde las, ahora azules, uñas de los pies hasta los pezones de ir arrastrándome por la cancha (sí, arrastrándome). A pesar de todo el resultado ha sido bueno. Me refiero a que me lo he pasado bien, porque hemos perdido todos los partidos salvo el que jugamos, como últimos de grupo, contra unos chavales de trece años o menos. Y menos mal, porque si llegamos a ganar un partido más, tenemos que jugar otro aún y en pista grande. Antes que eso, me autolesiono.

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