Cogito, ergo sum

Estoy hasta la polla de tratar de hacer entender a Benito Camelas que cada vez que quiero que alguien ordeñe un cerdo ibérico con alicates, no me sirve que sacrifiquen una camella. El problema es que, por lo visto, la miopía de este señor incide negativamente en la población de camellas, y se pasa el día mirando la tele con la luz apagada o sacrificando bichos de esos, que no tienen ninguna culpa de la extraña conexión cósmica que relaciona ambos hechos. Mucho daría que hablar, si se quisiera. Porque no hay como querer hacer algo para hacerlo. Más que nada porque si no tienes que someterte a los inescrutables designios del azar, que está más por la labor de dar por el culo que de hacerte hacer lo que quieres hacer. ¿No? Vamos, yo creo que sí, y creo en Dios Padre todopoderoso y en todas aquellas cosas que, por miedo o comodidad, hacen mi vida más fácil.

¡Ñec, Ñec! El chat emite un sonidito cada vez que a uno de estos se le ocurre escribir una sandez en él. Y menos mal que estás leyendo esto y no escuchándolo porque, así puedes apreciar claramente la diferencia entre sandez y San Hez, gran hombre del siglo XVIVVVVIIIXX (venga adivina cuál está a la izquierda de cuál y ponte a sumar y restar), al que sus amigos llamaban cariñosamente Hez porque su nombre de pila (Putamierda) era demasiado complicado. El caso es que la historia de este santo resulta un gran misterio; sólo se sabe que se hizo santo, pero es algo que pasó por el boca a boca y nadie recuerda quién le dijo qué a quién. Es lo que la Iglesia llama Tradición, que es como tirar una cabra de un campanario o poner un tío cagando en el Belén, pero en católico, apostólico y romano.

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Playing For Change: Song Around the World | Stand By Me

Estamos en otra época de sequía bloguera, pero como ayer, tomando un té picante, me dijeron que este (mi blog) estaba entretenido, pues he decidido ver si lo reactivo un poco. Ponemos primera con este vídeo de lo más majo.