En picado (II)

Parece que llegamos al final de nuestro viaje: un pequeño almacén apartado del resto del Mundo ese, tan lleno de personas, policía, ejército y demás instrumentos del Estado que les darían a estos una patada en el culo. Culo que, ahora que recuerdo, me pica. ¡Me cago en todo lo que se mueve! ¡Anda que no he tenido tiempo de rascarme, y yo cagado!. ¿He dicho cagado? Aquí huele precisamente a eso. ¡El tío este se ha cagado! Y ahora que me fijo, también se ha hecho pis. Sangrando, cagando y meando; como siga así mucho rato se va a convertir en lo que Ferran Adrià llamaría “Deconstrucción de Ser Humano” (así, con mayúsculas en todas las palabras). Ya estoy fuera. Estos nos introducen en el almacén a empellones y patadas. Esto no se va a quedar así. Voy a tratar de aprovechar la situación. A ver… ¡Ouch! No. ¡Coño! Tampoco. Venga… ¡Ay! Estoy tratando de que me atice con su bota en el epicentro del picor, pero nada. Ups… Igual me he pasado de evidente tratando de cazar las patadas con el culo porque me está mirando con una cara… ¿Eso ha sido un guiño? ¡Ay Dios, que me estoy metiendo en un jardín…!

Ya estamos dentro del almacén, en el que hay cuatro cajas como la que había en el coche. El deconstruido es un manojo de lágrimas y mocos (además de lo anteriormente citado) y no es que yo esté tranquilo, pero tener que pensar también en cómo rascarme el culo hace que piense menos en la posibilidad de morir a manos de los bielorrusos. La verdad es que, analizado fríamente, estar centrando mis pensamientos en el picor de culo en un momento como este dice mucho de mi. Aunque no tengo muy claro qué es lo que dice exactamente. ¿Soy un valiente? ¿Un inconsciente? ¿Tengo la escala de valores distorsionada? ¿Soy capaz de leer el farol en los ojos de los bielorrusos? ¿Será este un picor de culo de tales proporciones que supera el temor de morir? Y dado que no lo me parece especialmente fuerte ¿Tendré el dudoso honor de sufrir los mayores picores de culo que alguien puede sufrir? Un golpe en los glúteos (repetir “culo” no queda bien) me saca de mis pensamientos. Una pena, porque parece que iba a llegar a conclusiones interesantes. Por cierto, ha sido un golpe un tanto flojo ¿No? Casi un cachete. Me giro y veo al bielorruso que me guiñaba el ojo con una sonrisilla. Esto acaba de alcanzar el número uno en la lista de preocupaciones del momento, seguido del picor y la posibilidad de morir. ¡Qué poco valor tiene la vida por si misma, sin alegrías que la acompañen!

Ahora los bielorrusos parecen estar discutiendo sobre nosotros. Doy gracias a Dios por no entender un pijo. Parece que ya han llegado a un acuerdo sobre qué hacer: meternos en un cuartucho de herramientas. Una pena que tenga las manos atadas. Trato de esquivar su mirada, pero el bielorruso de las patadas se ha despedido con un besito. ¡Ay Dios…! Bueno, ya puedo sentarme a pensar tranquilamente.

¡Eh, tú! Sí, el llorón. Nada ni caso. En un rincón sollozando. Por Dios lo mal que huele… ¿Pero qué coño habrá comido? Bueno, da igual. Voy a levantarme a ver si se puede abrir la puerta. Sí, ya sé que es una gilipollez pero lo primero es conocer el entorno. Un momento, me he sentado sobre algo que se me ha quedado pegado en el culo. ¿Esto es un papel de lija? Vale, aumentan las razones objetivas por las cuales  no mi aportación a la humanidad no compensa mi gasto de recursos. ¡Y el cabrón no se despega! No me lo puedo creer… ¡¡No puedo rascarme el culo!! Ahora sí que todo me da igual. Que me peguen un tiro, por favor. ¡Este suplicio no lo merece nadie! Tranquilidad. La puerta. Joder, el picaporte parece resistente. Esto no lo abro ni por casualidad. Pero mira, puedo tratar de resolver mi problema número dos: igual frotándome contra él consigo compensar la lija que tengo pegada al culo. ¡A por ello! Venga. Bien, Parece que noto algo, pero tengo que darle más caña. Joder, sí que soy rápido agitando el culo. Esto demuestra que la gente saca lo mejor de si mismo en los momentos difíciles. De hecho noto algo de calorcillo en el culo… ¿producto de la fricción?

¡Coño, la puerta se abre! Mierda, el bielorruso cariñoso acaba de encontrarse mi culo agitándose violentamente. La preocupación número uno empieza a ser algo real. Verás, tío, es que me picaba y no tenía nada a mano y aunque lo tuviera la mano la tengo atada a la otra y… No quiero llevarte a conclusiones precipitadas… ¡Oye, la mano en el culo no! ¡Hostia! ¡Se ha quemado con la lija! ¡Toma cabezazo! ¡Cuando un hombre dice que no, es que no! ¡A volar!

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