No planear el viaje es mas divertido, pero pasan estas cosas

Estaba yo tan tranquilo en Pamukkale pensando que en una semana que me queda de viaje, iba a poder ver un poco de la costa sur, para ir despu’es a Capadocia y terminar en Estambul, cuando me sub’i al autob’us que me llevaba a Fethiye para despu’es coger un dolmbus a cualquier otra parte. El caso es que durante el trayecto me puse a hacer c’abalas y, tras cambiar tres veces de destino porque los c’alculos me variaban, decid’i que lo mejor era quedarse en Fethiye (un pueblo costero grandecito) y marchar manyana a la Capadocia porque no me da tiempo de ver esto ni por casualidad.

Llego al pueblo de marras y me aborda un t’io de la company’ia de autobuses dici’endome que ad’onde iba. Le digo que no voy, que vengo, pero tras pensarlo le digo que a Göreme manyana, pero que me tengo que ir a buscar la pensi’on nosequ’e antes de que cierre. Me dice que est’a ocupada y a mi me parece que es un listo de los cojones, pero como se supone que estamos en un pueblo de playa y aqu’i s’olo veo montanya por todas partes (adem’as de que ya es de noche) le sigo el juego y que vale, que me de el billete (en el asiento 23, donde puedo poner las piernas, o te lo metes por el culo) y me suelte en qu’e conyo de pension de amigo suyo me tienen preparada una habitaci’on especial para mi.

Me suelta el billete (pago con tarjeta pero no me hace firmar, voy a chequear la cuenta en cuanto acabe esto), me pone con su amigo en pensionista (al que le digo que o tengo internet gratis o que se puede ir a freir monas) y me manda a un autob’us que est’a en otra calle y que ya me van a buscar luego. Vale t’io, voy.

Cuando llego a la pensi’on, evidentemente, no hay ni el tato, pero a mi ya me da igual, porque lo que tengo que hacer es comprar un billete de avi’on de Capadocia a Estambul para el 31, as’i que me vengo aqu’i, al lado de su simp’atico hijo Denis (o como conyo se escriba la versi’on turca de este tan brit’anico nombre) a probar todas mis putas tarjetas hasta dar con la que me permite comprar el billete de las narices.

Pues hala, eso ha sido todo. Me doy cuenta de que es la primera an’ecdota que publico, as’i que igual luego hago algun Greatest Hits.

Bueno, me voy a duchar y a cenar. A ver si manyana este colega me da el desayuno gratis.

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