Haciendo tiempo

Son las seis de la mañana, debería levantarme dentro de una hora y tres cuartos y llevo casi dos despierto. He decidido que se acabó el intentar dormir: es una batalla perdida. En vez de eso, voy a aprovechar el rato para bajarme Lola Rennt (Franka Pontente, ¡qué mujer!) y hablar un rato conmigo mismo. Sí, ya sé que es un poco idiota hablar con alguien con quien nunca tendrás nada nuevo que decirte, pero es que ahora mismo no tengo nadie mejor a mano. Bueno, vamos a probar.

– Hola.

– ¡Hey! ¿Qué pasa?

– Pues ya ves, por aquí. Es que no puedo dormir.

– Joder… ya somos dos. No sé si es porque ayer tuve una “boletada” con el curro y hoy sufro las consecuencias. En estos eventos siempre acabamos empinando el codo como animales. No sé cómo nos lo hacemos.

-Ya te digo. Más alcohol que setas, porque a la última que fui yo, menuda mierdaca. Revuelto de setas en conserva de primero y rovellons fríos con en entrecot de segundo que, por cierto, no era nada del otro jueves. A demás, en la sala había un olor acre de lo más desagradable.

– Ufff… sí. Pero muy desagradable. Era… ¿cómo explicarlo? Como si hubiera fugas en una fosa séptica cercana. Como si se hubiera muerto una familia de gatos en el comedor. Como si alguien se hubiera estado conservando un arenque en el sobaco durante una semana. Como si la pintura de las paredes estuviera fabricada con mierda.

– Yo no lo habría expresado mejor. En algún momento llegaron a escocerme los ojos. De todas formas, era un olor extrañamente familiar. Estas cosas te hacen pensar,  te recuerdan lo que eres.

– ¿Un cerdo?

– No, hombre. Carne. Simple carne, que un día se pudrirá para acabar uniéndose a la tierra, volviendo a ella.

– Y a mi que lo que me viene a la mente es un coche Audi de esos metido en un túnel de lavado. Fíjate qué curioso…

– Sí, las conexiones de nuestro cerebro son la hostia. Pero, al final, todos esos pensamientos se pierden… Oye, ¿tú crees que se guardan de alguna forma en la tierra? Quiero decir, que si el Universo guarda memoria de nuestra memoria. Al fin y al cabo cada cambio molecular en nuestro cerebro provocado por un recuerdo tiene que afectar, aunque sea ínfimamente, al proceso de unión con la tierra. ¿No?

– ¿Quieres decir que ese pestazo infernal va a acompañar a todas las generaciones futuras? ¡No me jodas!

– Ya… La verdad es que visto así, pierde toda su magia. Yo, por si acaso, si veo que las diño voy a tratar de pensar en un desodorante. Un Axe de esos que hace que las mujeres se vuelvan locas. Será mi regalo para la humanidad.

– Muy bien. Eso es compromiso con el planeta y no echar latas en el contenedor amarillo. ¿De qué sirve un planeta limpio si no hay amor?

– ¿Para sentarse?

– Sí, pero te sentarías mal. Incómodo. Como si tuvieras una almorrana que no te dejara tranquilo.

– “El amor es el antihemorroidal del alma”. Precioso.

– Bueno, tal vez no, pero sí muy claro y gráfico.

– Sí, ya ves…

– Claro…

– Pues eso…

– Mmmm… Oye, ¿qué andas haciendo ahora?

– Nada. Me bajo una peli.

– ¿La conozco?

– ¿Cómo coño quieres que los sepa? Es Lola Rennt.

– Lo sé… De alguna forma… siempre lo he sabido…

– Eres un poco raro, ¿lo sabías?

– Pues anda que tú… Al principio hablar contigo es interesante, pero luego te vuelves un poco muermo. Te lo digo de buen rollo, ¿eh? Desde la confianza.

– ¿Tú crees? Tal vez tengas razón.

– Casi siempre la tengo… Bueno, estoy un poco cansado de esto. Ya que hay buen rollo, ¿te parece si follamos?

– ¿Contigo? Tío, no te ofendas, pero creo que no vería la diferencia entre eso y masturbarme.

– Lo sé… De alguna forma… siempre lo he sabido…

– Bueno, oye, me despido.

– Vale, tío, buenas noches.

– Dirás buenos días…

– Sí, más bien sí. Buenos días.

– Buenos días. Nos vemos.

Los vecinos están alarmados ante esta impunidad

Resulta que hoy llego de esculpir mis poderosos músculos en el gimnasio cuando Alejandra me viene y me dice que está muy mosqueada. Pero mucho. Yo, que además de músculos poderosos soy poseedor de gran capacidad intelectual, me imagino que será algo de su trabajo, y que tendría relación con los reportajes que hace últimamente Telecinco sobre la drogadicción en el Rabal, ya que, por lo visto, la prostitución no tiene suficiente capacidad escandalizadora (follar nos gusta a todos). Yo, que poseo una vista de lince, había visto alguno de esos reportajes: drogatas ejerciendo en las calles, vecinos escandalizados por los continuos robos, niños inocentes expuestos a la maldad de esas gentes y a la indiferencia de las administraciones… Alejandra se mosquea fijo, pensé.

Pero lo que ha dicho hoy va más allá. Por lo visto algunos de los usuarios de la narcosala (vulgo drogatas) fueron pagados por los reporteros para ir a consumir en un lugar público y grabarlos. Otros tíos, encima del capó de un coche. Incluso, por lo que me cuenta, dos transexuales que nadie sabía quiénes coño eran (allí se conocen todos) fueron traídos para fumar plata en un parque.

Sé que todo esto explicado así es muy gratuito, pero como me toca las pelotas y me gusta vivir peligrosamente, pues ahí lo suelto. ¡Viva el rigor informativo! El mío también.

¿Habla usted mi idioma?

Ayer estuve un rato hablando con alguien, y entre las muchas cosas que dijimos hubo una frase (más bien, un concepto) que, a pesar de tener siempre presente, pero tal vez por la persona, el momento, la situación o la alineación planetaria, me activó algún resorte perdido en ese grumo de desperdicios que es mi mente. Era algo así como que si tienes problemas con la gente que tienes alrededor, el problema sea probablemente tuyo, completado con el hecho de que suele ser muy difícil caer en la cuenta de ello, ya que tendemos a culpabilizar siempre al entorno. Para mi, esto coincide muchas veces con el “síndrome del ser especial cuyas gilipolleces son más más gordas o, simplemente, diferentes de las del resto del mundo y que provocan que ese mundo, con sus gilipolleces anodinamente típicas, sea incapaz de ver la realidad que yo veo claramente”.

Pero, ¿qué ocurriría si eso fuera real? No me refiero a la exageración que acabo de escribir, sino a algo un poco más racional. Ya que no eres el centro, te interesas por el resto de gente, cómo actúan, cómo responden a según qué estímulos, cómo son… Y acabas determinando patrones de conducta qué más o menos se repiten, identificando el significado de según qué comportamientos, actitudes o frases con un margen de error, que no es que sea ínfimo, pero más pequeño de lo que habrías pensado cuando abandonaste tus teorías egocentristas. Algún día te da por comentar algo sobre alguien. Algo que ves claro y te apetece compartirlo, como cualquier otra inquietud, pero lo que recibes son cosas como “¡Hala, flipao!”, “¿Pero qué coño dices?”, “Tío, eso nunca se sabe”, además de ceños fruncidos o sonrisas burlonas. Pero al final eso pasa. Nadie se acuerda, por que era una gilipollez que a ti te llamaba la atención aunque carente de importancia real. Pero pasa. Y no es la única vez. Eso hace  que cambie un poco tu perspectiva, ya que el índice de predicibilidad de una buena parte de la gente que te rodea ha subido unos cuantos puntos. Se dan incluso situaciones en las que prevés un final chungo, pero que decides quedarte observando todas y cada una de las etapas inevitables del desastre sin hacer nada, porque sabes que cada vez que has tratado de intervenir, rompiendo el curso natural de las cosas, te han llovido hostias. Vaya, te has convertido en un bicho raro. Ves las cosas de forma distinta y, por tanto, te afectan de forma distinta. ¿Va a ser verdad que eres especial con gilipolleces especiales?

Probablemente no, lo que pasa es que esa perspectiva desde la que observas a los demás es desde lejos, como un estudio sobre algo, muy distinta de la perspectiva que tienes de ti mismo.  Es lo mismo que al principio de todo, al menos visto desde una perspectiva exterior, porque en tu interior te sigues sintiendo en otra onda. ¿Se sentirán ellos igual?

Anexo de mierda:

Conocía a un tío que se creía un genio incomprendido. No voy a poner su nombre, pero según quién lea esto seguramente sabe de quién hablo. En realidad era más bien tontico, pero su perspectiva tan alejada de la del resto le hacía creer lo contrario. Espero que no sea el caso…

Nunca hago esto por varias razones, pero esta vez  me gustaría pedir aportaciones. ¿Se anima alguien? Por cierto, que alguien ha entrado en mi blog buscando “soy un pedazo de estrecho”. Joder…