La verdad sobre buenos y malos

No sé qué pasa, pero los días que estoy calentito es cuando más me apetece escribir. Con calentito me refiero a mosqueado, porque si no, lo que me entran son ganas de otras cosas.

En el día de hoy, queridos niños, vamos a hablar de las conciencias, y vamos a ser todo lo destructivos que podamos porque, mis pequeños, alguien tiene que pagar mis platos rotos. Esto, por mucho que os digan vuestros profesores, monitores de esplai y directores espirituales, es una de las bases del funcionamiento de nuestra sociedad, y por tanto, es bueno per se.

Empecemos estableciendo conceptos: la conciencia es una de las partes principales del “código fuente” (si hay algún informático en la sala, que explique eso; yo no quiero) de nuestra cabeza que nos indica qué es el bien y qué es el mal, y es, por tanto, lo que rige principalmente nuestras decisiones y nuestro comportamiento. Como vosotros sois niños listos y espabilados, os estaréis haciendo la siguiente pregunta: ¿cómo se forma (o programa) eso que es tan importante y que nos condiciona de ese modo tan radical? Pues la respuesta es muy simple: al azar. Bueno, no exactamente. Depende de una programación inicial que tenemos al nacer, a la que nuestras vivencias le añaden, especialmente los primeros años, unos parches que pueden llegar a cambiar mucho la programación inicial. ¿Y cómo funciona? Muy sencillo: si hacemos lo que nos dice, nos sentimos bien. Si no, mal.

Bueno, pues eso es todo. Sí, no hay más. Así de sencillo, estúpido y autocomplaciente. Pero ahora viene mi parte favorita. ¿Cuántas veces habéis oído que hay que hacer caso a nuestra conciencia? ¿Cuántas veces habéis visto a alguien orgulloso por hacer lo que su conciencia le pide? ¿Cuántas veces habéis visto a alguien reprender a otro por no tener conciencia con alguien o con alguna situación? ¿Cuántas veces alguien que se cree mejor porque dedica parte (o todo) su tiempo a hacerle caso a algo que le dicta su conciencia? ¿Y qué es la conciencia sino el más básico y primario de los instintos, el “sexo del alma”? Mejor, más primario y menos generoso aún: el instinto de supervivencia del alma. Pero de la propia alma, no de la del prógimo prójimo.

Ahí es cuando me cago en la gente que se piensa que tiene autoridad moral para dar lecciones basadas en sus más primarios instintos, sobre los que montan teorías de todo tipo y que acaban con eslóganes comerciales como “otro mundo es posible”, por poner un ejemplo.

¿Qué hay más egoísta y tiránico que querer que el mundo funcione según lo que te sale de las propias tripas?

Anuncios

2 comentarios

  1. Luis, lo siento pero te la debía: ¿No te digeron en el colejio que prógimo va con j? Jajaja en lo demás, secundo totalmente lo que pones. Y lo secundaré mejor con una birra delante!

  2. ¿Ves qué fácil? Arreglado. Vale, pero la birra ¿¿cuándo???

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: