Stendhal y yo

Barcelona es una ciudad increíble. Es un hecho indiscutible que, además, aparece en el Evagelio según San Nosequién. Es más, a mi me parece la ciudad más bonita que he visto nunca. Eso también es verdad, aunque no sé qué parte de esa opinión la aporta el hecho de que sea mi ciudad y el cariño que le tengo, seamos francos (con minúscula).

Pasear por la parte antigua (Borne, Barrio Gótico y Raval) cuando no hay mucha gente es una experiencia que recomiendo a todos aquellos que necesiten un rato para si mismos. Tras cualquier puerta o al torcer cualquier esquina puede aparecer un lugar lleno de belleza, magia o, simplemente, sorprendente.

Hoy, mi indecisión a la hora de comprarme un traje me ha regalado una mañana increíble, durante la que tan sólo he echado de menos una cámara de fotos. Es lo bueno y lo malo de hacer las cosas sin planificar.

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