Pequeñas diferencias

Vincent: Yeah baby, you’d dig it the most. But you know what the funniest thing about Europe is?
Jules: What?
Vincent: It’s the little differences. I mean, they got the same shit over there that we got here, but it’s just – it’s just there it’s a little different.

Pulp Fiction (1994)

Cuando uno se va a vivir a otro país, se supone que tiene que adaptarse a una serie de cosas. O no adaptarse y joderse, que para eso el ser humano es libre, pero lo normal es hacerlo. En mi caso, la adaptación no me resulta demasiado complicada, aunque también es verdad que España y Reino Unido (o Londres y Barcelona) no son tan tan diferentes como para que a uno le de un shock cultural. Tal vez por eso, uno va con cierta tranquilidad, con la guardia baja, haciendo sus cosas. Y entonces es cuando lo que le sorprende son las pequeñas diferencias. Algunas tan pequeñas que son ridículas, pero a las que el obsesivo trozo de materia gris (me he obligado a no poner “mierda”) que tengo en la cabeza le da unas cuantas e innecesarias vueltas.

La calle en la que te encuentras es una información superflua. Al menos para los viandantes. Porque tengo la sospecha, y no lo sé seguro porque no llevo coche, de que la calle sólo se anuncia en aquellos cruces en los que, si eres un coche, puedes meterte. Vamos, que puedes saber en qué calle entras pero no de cuál sales. Si eres peatón, ni te cuento.

Cualquier otro tipo de información referente a cualquier cosa debe ser detallada al máximo y por escrito, no vaya a ser que te encuentres con un inútil. Por ejemplo, lo que en el metro de Barcelona es un croquis con lucecitas que te dicen cuál es la próxima estación y qué correspondencias tiene, aquí es un rótulo de esos en los que corre un texto que dice algo así (sin exagerar): “Este es un tren de la línea Tal con destino a Pascual. La próxima estación es Aspectual. Cámbiese aquí para la línea Manual y el servicio de trenes Menstrual. Cuidado con el hueco”. Hubo otro que me hizo gracia. Estaba a la entrada de un callejón estrecho y decía algo así como “Precaución. Calle estrecha. Tengan cuidado los vehículos anchos”. En España habría un simbolito que indicaría la anchura de la calle.

Los coches van por la izquierda, sí, pero la gente no tiene criterio definido. Lo más curioso es que en el metro se esfuerzan mucho; dividiendo en dos escaleras y pasillo e indicándote, con un rótulo inequívocamente explícito, que vayas por la izquierda. Pero cuando no hay nada de eso cada uno va por donde le rota. Supongo que debe de ser influencia extranjera que les revienta las tradiciones, porque aquí casi todos somos de fuera.

Libras, galones y esas cosas en los Estados Unidos, porque lo que es aquí… De esto sí que cuesta darte cuenta. Cuando vas al supermercado, todo está en kilos, gramos y litros. Un tío muy raro que conocí se quedó un poco sorprendido cuando le hice mención a esto, y me dijo que sí que usaban pies y no sé qué medida de peso que no recuerdo. De todas formas, su afirmación “aquí parezco yo el extranjero”, me hizo pensar que estaba haciendo un alegato cultural patrio.

Apenas se encuentran pintorescos policías con casco. Los bobbies, que así se llaman, cuesta mucho verlos. Aquí, la mayoría de los polis llevan una gorra normal. Y chaleco antibalas.

Si quieres hacer un producto vectorial no puedes aplicar la regla del destornillador. O de la rosca en general. Alguien me dijo que aquí van en sentido contrario, pero no es exactamente así. Yo creo que el fabricante de tornillos, grifos, llaves o lo que sea se enfrenta a una situación parecida a la de la persona que pone un pie en la calle: ¿izquierda o derecha? Y es que aquí, cada cosa que va con rosca es de su padre y de su madre. Hasta ahora sólo he podido determinar que los grifos de la cocina cuyas manijas están en posición opuesta parecen funcionar normalmente con rosca invertida. Así está el tema.

Y para finalizar. La gente es bastante fea. Sin ánimo de ofender y tratando de ser simplemente descriptivo. Pero así es. Obviamente hay de todo, pero la media es… discreta. También debo decir que parte es debido a que el concepto británico de elegancia dista mucho del español. Por lo menos del español (¡joder, menudas pintas!). Lo que asusta es cuando te das cuenta de que estás en la ciudad más cosmopolita del Reino Unido, donde está todo el pijerío y el mestizaje cultural que suelen ayudar a mejorar estas cosas. No quiero ni pensar qué clase de criaturas habitan fuera.

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2 comentarios

  1. “Si quieres hacer un producto vectorial no puedes aplicar la regla del destornillador. ”

    Que gracia ne ha hecho. Lo mejor junto a lo del croquis del metro.

  2. Gracias tío! Oye, qué tal va todo por ahí?

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