Sueño, ojeras, y faltas de ortografía

Lo del insomnio ya es una arraigada costumbre en mi, pero hoy no sé qué pasa que, pese a no haber sido la peor noche ni nada, estoy especialmente arrastrado. He ido a un par de agencias de empleo esta mañana, así que tenía que estar presentable, pero yo creo que ni el afeitado ni la ropa de pijomierda han podido tapar al monstruo de las ojeras que se me ha presentado en el espejo a primera hora. Me he despertado de golpe. Menos mal que he vuelto a sobar en el metro; no quiera Dios que esté despejado para hablar con el soplagaitas del recruiter.

El viajecito no ha sido demasiado provechoso, aunque por lo menos me he llevado algún teléfono de agencias que sí se dedican a lo mío (“¿a no dormir?” he pensado). Ahora sigo mandando currículums, pero el sueño me está haciendo cometer mogollón de faltas de ortografía. Afortunadamente, la cover letter se la lee el recruiter, y eso maximiza las posibilidades de que pasen desapercibidas.

Es probable que también haya faltas aquí, pero esta vez no pienso corregirlas a posteriori. Sería una traición al espíritu de este post.

Sentado en el trono.

De un tiempo a esta parte todos los días son una mierda. Y no, no voy a matizar eso. Una mierda de esas que dan espantosos retortijones, que no quieren salir por mucho que aprietes, que no se limpian por mucho papel que uses y que dejan el lavabo oliendo a puta mierda (¿a qué si no?) durante horas. Pero esta mierda no la tengo en el culo sino en la cabeza, que aunque alguien me haya dicho en alguna ocasión que, en mi caso, vienen a ser lo mismo, no lo son. Así que, además de dar retortijones, no salir, no limpiarse y oler muchísimo, me revienta la inspiración a la hora de escribir.

Entonces vosotros, queridos lectores, que sois astutos y espabilados habréis pensado “¡Coño, se acabaron los días de mierda!”. Bueno, pues no. La mierda sigue su curso natural pero parece que acabo de tener un momento lúcido e inspirado y me ha parecido buena idea aprovecharlo. El problema es que se trata de un arrebato, un instante en el que he sentido una gran necesidad de escribir pero sin tener nada preparado, cosa que es una pena porque parece una forma de tirar al  retrete este pico de talento. Más concretamente, al vertedero.

Aunque de todas formas, y siendo sincero, tampoco  puedo decir que haya tenido una gran inspiración. En el fondo, lo que he escrito es una mierda. Y ni da retortijones, ni ha tardado en salir. Estoy limpio y no creo que su olor perdure mucho.

Voy a tirar de la cadena.