Atando cabos

Estoy con el PMP, con unas ganas de acabarlo que no me las acabo, pero no acabo de llegar al cabo de la lección. Acabo de darme cuenta de que igual eso podría ayudar, así que me dispogo a llevarlo a cabo (me refiero a escribir, aunque este pensamiento lo he tenido hace un rato y no lo he llevado a cabo hasta al cabo de unos cinco minutos de ocurrírseme). El caso es que si en vez de perder el tiempo en esto, estuviera estudiando, ya estaría al cabo de la calle, en vez de aquí protestando; pero, ¡qué coño!  acabaré por volverme idiota si no tengo algún descansillo. Además, la lección de hoy no tiene ningún sentido, y me la he mirado de cabo a rabo.

De todo esto, sólo hay una cosa que me joda: no haber encontrado ninguna forma de referirme a un cabo de infantería. Mira por dónde, acabo de hacerlo.

Ya acabo.

Sumerjámonos

Hoy me siento profundo. Y no porque le hayan quitado el cojín al sofá, no. Lo que ocurre es que me siento con ganas de decir algo importante, con empaque. Algo que la gente lea y diga “¡Joder, qué tío! ¡Qué sesudo!”. El problema es que a mi esas cosas no se me ocurren. Y menos últimamente, que parece que sólo se hablar de defecaciones (mis disculpas si he ofendido a alguien). Pero ¿qué puedo decir?, mi mente es caprichosa y no se deja dominar. A mi sólo se me ocurren idioteces como hacer una pizza cuando el horno no funciona, decirle a mi compañera de piso que me cuesta entender a la gente cuando ella es casi sorda, o venirme a Londres.

El tema es que hoy me ha dado por mirarme un par de links de gente de Facebook a cosas de las llamadas profundas. Y menudo sopor, oye. Lo siento, pero la mayoría me parecen chorradas. En serio, pero aún a riesgo de parecer un cretino, no creo que haya tantas cosas interesantes que decir sobre la vida.

Hoy voy a hacer algo que nunca hago por temor a que no salga: hacer este post interactivo (todo lo interactivo que puede ser esto). Pongamos frases que os parezcan profundas y las destripamos. Así, entre todos. Sí, ya sé que será muy lamentable si tras esto no hay ningún comentario, pero ¡qué cojones!. He encontrado una que me parece genial. El autor creo que es Jorge Bucay, del que apenas se nada, pero con esto ya se define (para qué nos vamos a complicar…): “El sabio no pretende nada: ni ser bueno, ni ser fuerte, ni ser dócil, ni ser rebelde, ni ser contradictorio, ni ser coherente… Sólo quiere ser”. Menuda perla…

El truñito feo

Había una vez un lugar llamado colon o intestino grueso, hogar de una feliz familia: papá truño, mamá truño y cinco truñitos. Esta familia llevaba una vida apacible y feliz en aquel lugar que les proporcionaba calor, alimento y multitud de sitios interesantes en los que pasar las horas divirtiéndose. Los truñitos jugaban al “pilla pilla” intestino arriba e intestino abajo. Hacían cabañas de lacobacilus casei inmunitas en el apéndice, e incluso exploraban zonas que sus padres les habían prohibido, llegando casi al píloro. Les encantaba la parte misteriosa de eso: cada vez que se acercaban oían una voz chillona pero poderosa que sonaba por todas partes diciendo “¿Pero qué mierda has comido hoy? ¡Te voy a meter un ambientador de pino en la boca!”.

Sin embargo, la felicidad no era completa en la familia. Producto de la digestión de una paella, el truñito pequeño había recibido, además de un feo aspecto y a diferencia de sus hermanos, una constitución torpe y rígida, y no podía moverse con tanta libertad. Apenas podía seguir a los otros, y siempre acababa atascado en algún pliegue del tracto digestivo, viendo cómo la diversión se escapaba tubo arriba entre risitas burlonas.  A sus padres tampoco parecía importarles demasiado. Estaban muy orgullosos de sus otros cuatro retoños y le miraban a él con condescendencia, pena e incluso algo de desprecio. Podía leer en sus miradas: “¡Qué feo es! ¡Con todas con esas pieles de guisante por todas partes!”. La vida, para él, era un devenir de minutos durante los que pasaban cosas a su alrededor, sin que él pudiera participar de ninguna de ellas. La vida era triste.

Un día, todo fue a peor. Aquel día había allí algo extraño. El truñito notaba que el ambiente estaba más cargado y que se sentía más aprisionado de lo normal. Llegado un punto, ni siquiera era capaz de moverse, y para colmo, sus hermanos lo encontraron divertidísimo. Por lo visto, aún sobraba fondo de escala en el ascómetro de la vida. Ellos, sus hermanos, no parecían darse cuenta distraídos en su diversión, pero aquello se estaba poniendo realmente feo. Entonces se dio cuenta: las paredes del intestino se estaban cerrando. Los demás tardaron algo más en darse cuenta pero al final lo hicieron, y fue entonces cuando cundió el pánico. Papá y mamá truño trataban de calmar a los otros truñitos, que voceaban y gritaban, fuera de si, viendo como el mundo se estrechaba más y mas. Gritos, lloros y frases inconexas salían de todas partes, menos del truñito, que había adoptado una actitud entre estupefacta y curiosa ¿Era eso el fin de todo? ¿Y el principio de qué? ¿Qué pasaba más allá de las paredes de su mundo que lo hacían encogerse?

Entonces entró la luz, una luz blanca y cegadora, y la presión cedió. Después un golpe.

Tardó un rato en recuperar la consciencia y cuando lo hizo se encontró flotando en el agua. Miró a su alrededor y vio a sus padres y hermanos medio inconscientes. Se miraban entre ellos, le miraban a él. Se miraban unos a otros como esperando una explicación. Pero nadie la tenía.

Un grito le hizo que el tiempo volviese a correr. Todos miraron a truñito mayor, que a suvez miraba el agua en la que se encontraba flotando. No parecía posible, pero se estaba deshaciendo en ella. Literalmente. Un instante después, la tormenta. El agua se agitó violentamente y les empujó hacia el fondo con furia, a una especie de intestino gigante, donde los truños viajaban deprisa empujados por el agua, que los iba descomponiendo. A todos menos al truñito pequeño. Su constitucion, torpe y rígida, le permitía resistir la erosión que estaba acabando con su familia. Nadie se reía de él ya. Todos estaban asustados, demasiado como para gritar, y le miraban incrédulo mientras él les devolvía una mirada inexpresiva. Aunque en su cabeza se asentaba una idea: justicia. Se habían reído de él, le habían tratado como a alguien que está por debajo de ellos, algo inferior. Como a un objeto cuyo propósito es recibir burla. Y todo por que era diferente. Esa misma diferencia que a él ahora le permitía sobrevivir mientras ellos no podían. Esta idea hizo que una sonrisa empezara a dibujarse a modo de mensaje final, de moraleja para todos ellos; hasta que se dio cuenta de algo: él no era mejor. Ellos habían sido crueles con él sí, pero las circunstancias habían cambiado y el se disponía a coger su testigo. Iba a humillarlos porque esas circunstancias se lo ofrecían. Porque podía.

Ya no era tan justo. O por lo menos, no era bueno.

Sonrió, sí. Pero de otra forma muy distinta mientras les cogía de la mano , mientras se deshacían. No estaba seguro de quererles, pero sí quería que sus últimos momentos  fueran mejores con él allí que sin él.

Cuando llegó al río, ellos ya no estaban, y sentía una difícil mezcla de felicidad y tristeza, pero lo que sí tenía claro es que, tras lo que había sido su vida hasta ese momento, el tiempo que tenía por delante iba a pasarlo  de otra forma muy distinta.

Diario de Vincent Vega

Ayer volví de Amsterdam. Aquello es la hostia. Colocado desde que llegué al hotel hace un par de horas. ¡Creo que las putas setas me han sentado mal, joder!. Deberían poner en le puto papelito que te dejan un tapón en el culo. Voy a ver si me recetan algo para poder sentarme en el wáter…

Putamierda Me Parece

Ahora mismo estoy con el curso de PMP de los huevos, que empezó interesante y se está tornando en una chapuza indecente. De todas formas, ajo y agua, que es el último cartucho para evitar volverme con el rabo entre las piernas (claro, es que no sé por qué iba a cabmiarlo de sitio). A ver si me caliento con el te, que hace un frío que pela, y me voy luego de a cervecear con Colm. Sí, la cerveza está fría pero en el pub hay calefacción. Previsiblemente, al menos.

Esto es como todo,

Esta frase es una de las pocas cosas a las que no se le puede aplicar esta misma frase. Con “esta frase” me refiero a “esto es como todo”, ya que, a diferencia de todo, esta frase es especial. Es el anuncio de que algo realmente importante va a decirse, de que de esa conversación idiota va a salir un concepto total y absoluto que da respuesta a todo. Una característica universal que te va a facilitar la compresnsión de las cosas desde la raíz.

Recuerdo la primera vez que la escuché. Menuda decepción. De hecho, no soy capaz de recordar a la persona, el contexto ni de qué gaitas estábamos hablando, pero recuerdo perfectamente ese sentimiento. Pensé, “¿será cabrón? ¡me ha dejado a medias!” (desde ese día empatizo más con… bueno, da igual), y me di cuenta de que era una simple coletilla. Bueno, no, que la coletilla va al final. Sería una cabecilla, o una naricilla. El caso es que a partir de entonces empecé a escucharla con asiduidad pero nunca significaba un carajo. ¿Para qué la ponen entonces? Quiero decir que las coletillas (y naricillas) no suelen tener sentido en si mismas, sólo enfatizan y esas cosas. Pero esto es una frase completa, con sujeto, verbo y predicado (nominal, en este caso, que ser es un verbo copulativo… un fucker, vamos), pero se supone que debo hacer un ejercicio de abstracción y abstraerme de su significado. ¡Con lo prometedora que es!

Mi sorpresa llegó un día en que, sin pensarlo, fui yo quien la dijo. Eso fue un shock. Es cierto que no tengo personalidad y que repito lo que oigo como un loro, pero en ese caso no podía ser. Había llegado a la conclusión de que esa frase era inútil y traicionera, y que no tenía cabida en una oración con cara y ojos. Entonces, ¿por qué la parte de mi cerebro que selecciona lo que digo pensó que era buena idea ponerla? Analicé toda la oración y vi que no era distinta de las que había oído otras veces, pero que por ahí subyacía algo de sentido. Había una relación entre aquello que fuera de lo que estaba yo hablando, y al menos una gran cantidad de cosas. Ahí, en alguna parte, habitaba una verdad universal, un concepto que no era capaz de verbalizar pero que no por ello era menos real. El tema es que no tengo ni idea de lo que dije así que no lo puedo explicar, pero podría ser cualquier cosa: “quien algo quiere algo le cuesta”, “la gente es mala”, “la felicidad es una actitud”, o cualquier gilipollez que se os ocurra (incluso puede que se os ocurran cosas que no sean gilipolleces, que se han dado casos).

Así que, en definitiva, resulta que cada vez que alguien usa esa frase, está expresando una idea global, aplicabe a “todo”, pero que no es entedida por el que tiene delante, que a su vez, o pasa de ella o encaja en ella su propia idea global. Total, que la comunicación acaba siendo un desastre pero nadie se da cuenta. La confirmación de esto la tuve cuando alguien me dijo “Es que esto es como todo, la monotonía mata las cosas”. Obviamente cada uno le dio un significado diferente a esa frase, ya que tatuarme la entrempierna con una pintura que cambiaba de color con el estado de ánimo no evitó que me dejara.

Sueño, ojeras, y faltas de ortografía

Lo del insomnio ya es una arraigada costumbre en mi, pero hoy no sé qué pasa que, pese a no haber sido la peor noche ni nada, estoy especialmente arrastrado. He ido a un par de agencias de empleo esta mañana, así que tenía que estar presentable, pero yo creo que ni el afeitado ni la ropa de pijomierda han podido tapar al monstruo de las ojeras que se me ha presentado en el espejo a primera hora. Me he despertado de golpe. Menos mal que he vuelto a sobar en el metro; no quiera Dios que esté despejado para hablar con el soplagaitas del recruiter.

El viajecito no ha sido demasiado provechoso, aunque por lo menos me he llevado algún teléfono de agencias que sí se dedican a lo mío (“¿a no dormir?” he pensado). Ahora sigo mandando currículums, pero el sueño me está haciendo cometer mogollón de faltas de ortografía. Afortunadamente, la cover letter se la lee el recruiter, y eso maximiza las posibilidades de que pasen desapercibidas.

Es probable que también haya faltas aquí, pero esta vez no pienso corregirlas a posteriori. Sería una traición al espíritu de este post.