Ojo, que esto se acaba…

Ya no recordaba el buen gusto que tiene el barman de este albergue de Estambul con eso de la m’usica. Menuda delicia.

Pues ya estoy de nuevo en estambul, tras pasar cuatro estupendos d’ias en la Capadocia. S’i, es precioso. Me he dado un hart’on a ver restos de pueblos escavados en la roca, ciudades subterr’aneas, monasterios e iglesias con unos frescos acojonantes. Seg’un cuentan (y no tengo motivos para no creerlo) esta zona fue ocupada por los primeros cristianos en tiempos de las persecuciones romanas, y como est’a formada por rocas volc’anicas que se deshacen con un pedo medianejo, se dedicaron a construir catacumbas en las que ocultarse cuando ven’ia el coco. Bueno, luego, cuando ganaron las elecciones, y al ver que la cueva guardaba la temperatura de conya, decidieron hacer sus casitas metidas dentro de las formaciones rocoso-volc’anicas (se puede ser m’as pedante?) que abundan por ah’i. Y puedo testificar y testifico que se est’a de lo m’as fresquito, porque mi habitaci’on estaba metida dentro de la roca. Como si le quitaras un prisma y le pusieras una puerta.

Esa es la parte buena del albergue, porque el servicio era apestoso. Literalmente. Yo no s’e cada cu’anto se duchan los t’ios esos, pero cuando se acercaba uno daban unas ganas terribles de dejar que ese sol infernal te chamuscara la pituitaria. Por la parte de fuera. De hecho, creo que no llegu’e a ver un gato (hab’ia mogoll’on) y uno de estos t’ios en la misma habitaci’on. Por algo ser’ia. Y claro, como es normal, ese sentido de la higiene tambi’en se traslada a las instalaciones. Especialmente a las comunmente llamadas “inodoros”. Recalco lo de “comunmente”.

Ahora, como digo, estoy de vuelta en Estambul, con una sensaci’on agridulce, porque me encanta volver aqu’i, pero no me apetece nada acabar este viaje. Pienso disfrutar como un animal estos dos ‘ultimos d’ias.

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Viajar en autob’us es lo mejor, seguido de hacerlo en colch’on de clavos

El d’ia de ayer en Fethye fue algo as’i como un puto conyazo, ya que s’olo se trataba de esperar, bajo un calor de justicia en una especie de Salou, a poder coger autob’us que me llevara a Göreme, en la Capadocia, donde estoy ahora.

Esto s’i que es bonito y dispongo de tres o cuatro d’ias (no puedo contar despu’es del placentero viaje de catorce horas en autob’us) para descubrirlo. Ahora mismo estoy en una pensi’on llena de coreanos esperando a que el amo se digne a hacerme el check-in. S’olo queda una cama libre en un dormitorio lleno de coreanas espantosas, as’i que espero no tener pesadillas.

Buenas noticias, acabo de divisar una maquinita de esas para cobrar con tarjeta. Espero que no me vengan con excusas…