Flanqueando muros idiomáticos

Este post lo estoy escribiendo en el curro, lo que pasa es que aquí no tengo acceso a mi blog, al igual que a juegosgratis, youporn y otras webs utilísimas (no me dan ni trabajo ni posibilidad de esparcimiento; quieren que me despida, los hijos de puta), por lo que tengo que escribir en el mail para guardar un borrador que luego copiaré y pegaré. Una gaita. Pero vamos a lo que importa, que ando un poco disperso hoy.

El caso es que hoy se cumplen diez veinte (gracias Llum) años de la caída del Muro de Berlín, noticia que aparece en todos los periódicos digitales (supongo que en los de papel también, pero es que no compro prensa), y ha sido una buena excusa para cultivarme sobre la historia de este nuestro continente. Me he tirado un rato leyendo reportajes y artículos y, tras esto, he tenido repentinas ganas de hacer dos cosas. La primera, es mandarle un mail a Sarah, de la que hace un tiempo que no sé nada. Nada del otro jueves, uno de esos “hola, ¿qué es de tu vida?”. La segunda es que se me han reactivado las ganas de aprender alemán. Sí, bueno, es que se me activaron una vez y empecé con un curso on-line que abandoné a la tercera lección. Pero esta vez será distinto. Sí, sí, no me miréis así, incrédulos lectores. No proyectéis sobre este texto vuestra falta de diligencia, blandos de mierda, y vuestras frustraciones consiguientes; porque tengo el secreto del éxito: el viernes. Los viernes por la tarde tengo mucho tiempo que, como dirían todos mis directores espirituales durante mi feliz etapa de La Farga, desperdicio; ofendiendo gravemente a Dios.

Pero digo más, no descarto aprender también francés, que es algo que nunca llegas a tomarte en serio porque piensas que puedes aprenderlo el día en que te salga de la punta de aquello que todos mis directores espirituales durante mi feliz etapa de La Farga llamarían instrumento del diablo. La verdad es que lo del francés (la lengua, me refiero… el idioma, quiero decir) me motiva bastante menos, pero ya puestos… Además siendo como soy, un tío de gran simpatía y enorme carisma, unos conocimientos de idiomas me ayudarían a conseguir ese puesto de ventanilla de reclamaciones en el parlamento de la UE con el que he soñado durante toda la mañana. Sky is the limit.