Primer d’ia en Vientiane

Tras dos d’ias de atob’us con una escala en Vang Vieng, hoy hemos llegado a Vientiane, la capital de Laos, que en un pa’is rural de seis millones de habitantes, uno se puede hacer una idea de lo que es.

Vang Vieng es un pueblo pegado al Mekong que ha crecido alrededor del turismo australiano y que tiene una gran oferta de bares en los que tumbarse a ver la tele. Eso es literal: los mochileros australianos se tiran el d’ia en uno de estos locales recostados en unos curiosos asientos y viendo DVD’s de Friends, Family Guy y pel’iculas de mierda. All’i conoc’i a un grupo de una ONG espanyola llamada Dentistas sin l’imites (hablar de fronteras debe de parecerles vulgar) que ven’ian a hacer extracciones y dar clases de cepillado (de dientes) a los paisanos. Me pareci’o que estaban un pelo decepcionados por lo que hab’ian venido a hacer, y ten’ian muchas ganas de volverse a Espanya.

A la manyana siguiente hemos visitado unas cuevas, de cuyo nombre no puedo acordarme, m’as bonitas pero con menos historia que las budistas de Luang Prabang. El sitio no estaba muy acondicionado, as’i que enseguida empezaba a hacerse tenebroso y no pod’iamos seguir. Y despu’es de camino a Vientiane, con parada para comer una cosa metida dentro de una hoja de pl’atano que, pese a prometer mucho (ya que las que nos lo vendieron se part’ian de la risa), result’o ser un pescado mezclado con nosequ’e, que espero no estuviera crudo porque tengo la tripa para pocas bromas. De todas formas, a poco que pueda, me zampo un escarabajo, gusano (de tipo A, gordo, o B, fino) o rata de las que venden en los puestos ambulantes, que venir aqu’i sin comer algo incomible no tiene gracia.

No me enrollar’e m’as, tan s’olo cometar que creo que est’an preparando algo chungo porque de camino hemos visto un charlie con un AK47 en el hombro, y aqu’i no llevan armas ni la polic’ia. Ya veremos…

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