Qué bien se come en París…

Estoy en el Eurostar de camino a París, doblado como un cuatro en este asiento de segunda clase y contemplando los bellos paisajes del Eurotunnel. La verdad es que debería dormir pero por alguna razón me he puesto a pensar  esas preciosas cosas de las que hablaba en mi anterior post (rasgos de personalidad obsesiva, que diría alguien) y me he puesto de mala leche.

No os llevéis una idea equivocada. No siempre estoy cabreado. De hecho, creo que soy un tío majete. Acojonantemente encantador, diría. Pero hay cosas que me sublevan. Y parece mentira cómo me he vuelto mucho más crítico y visceral con todo esto desde que vivo aquí. No sé, debe de ser en reacción a tanta flema británica que me saca el carácter latino, pero el hecho es que me liaría a hostias y me quedaría solo.

Sí, mi querido lector, como habrás adivinado a estas alturas, no estoy contando absolutamente nada y esto sólo lo hago para pasar el rato. ¡Hombre, Francia por fin! Creo que me queda una horita hasta París. Es más, esto lo estoy escribiendo en un Word porque no tengo conexión, así que ya veremos si luego tengo la jeta de colgarlo.

Pues parece que la he tenido…

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#yonosoyimbecil

Si en el último post estaba contento, en este estoy de mala leche. La razón es esta batalla de mierda que tienen ahora PSOE y PP con los hashtags de twitter: #vanaportodo y #nohandejadonada. Qué bien… Qué alegría… Qué maravilla contemplar el ejercicio de la alta política en este país.

Los que me conocen, saben que una de las cosas que peor soporto es que me traten de imbécil. Pues bueno, esto es lo que está haciendo esta pandilla. No sólo a mi, obviamente. Nos están tratando de imbéciles a todos. Yo opino, y esto está relacionado con el post anterior (y si no lo está, lo está con el desarrollo del mismo, que ya haré cuando tenga un momento y unas ganas), que la gente podemos ser idiotas, pero hasta un punto. Y estos están rebasando mi punto. Y por Dios, espero que estén rebasando también el punto de la mayoría de españoles.

Recientemente, he decidido dejar de leer El País. La razón es muy sencilla (qué sutil e involuntario comentario),  están de propaganda salvaje. Especialmente si leéis la edición web, es absolutamente vergonzoso. Pero no, queridos votantes zombies del PSOE, no lancéis espuma por la boca todavía, porque esto no es un ataque a El País. Para mi, pese a tener una tendencia política clara, este siempre había sido (nótese el pretérito pluscuamperfecto) el periódico que me había parecido más centrado, pero ya no. Ha quedado demostrado que están todos a un nivel parecido.

Yo siempre había pensado que esto era inevitable. Me refiero a que la lucha de poderes e intereses entre, valga la redundancia, los poderosos sobrepasara el interés general. Por “los poderosos” me refiero a políticos, medios de comunicación, empresas influyentes, etc. Pero desde que vivo aquí (Reino Unido), me he dado cuenta de que no. Obviamente, las luchas de poder y los vínculos entre representantes del mismo, siempre estarán, el problema es que en España, estas luchas son la prioridad sobre todo lo demás: gobernar el barco, aunque para ello haya que hundirlo.

Y mirad, voy a relacionar esto con el post anterior (esto es lo que pasa cuando escribes “tal com raja”),esto ocurre porque la clase “poderosa” que tenemos es una auténtica basura, pero, como suele ocurrir, tenemos la que nos merecemos. Las cosas funcionas así porque somos suficientemente imbéciles como para creernos esos cuentos. Suficientemente imbéciles como para ponernos la camiseta de la derecha, la izquierda o el centro reformista y apoyarlos incondicionalmente como si de un equipo de fútbol se tratara. Suficientemente imbéciles como para no darnos cuenta de que las noticias y los comunicados de prensa apenas contienen datos y sí mucha opinión. Suficientemente imbéciles como para no darnos cuenta de que primero opinamos y luego justificamos las opiniones y no al revés. Suficientemente imbéciles como para preferir que nos den la información mascada y filtrada en lugar de ir a las fuentes en la medida de lo posible. Y suficientemente imbéciles como para no exigir transparencia informativa a todos aquellos a los que les damos nuestro dinero para que lo administren.

Pues bien, yo no sé vosotros, pero #yonosoyimbecil.

P.D: Ejercicio interesante. Coged una noticia un poco polémica de un periódico al azar y subrayad cuánto de todo lo que pone son datos y cuánto opinión. Un segundo ejercicio es ver cuántos de esos datos no son filtrados (por ejemplo, decir que los recortes en XXX pueden suponer hasta un XX % de pérdidas es un dato de mierda, porque no sé a cuánta gente le supone esas pérdidas, y es probable que sea un porcentaje de gente residual). Mi consejo: lo más fácil sería empezar por El País, que, por razónes obvias, está con más ganas de enmerdar. Luego ir a El Mundo, que será más sutil.

El síndrome del perrete al que le sueltan la correa

Tengo empezado un post (o una serie de posts, que aún no lo he decidido) del tipo serio y circunspecto y que me apetece muchísimo escribir. El problema es que hoy es uno de esos días, así que no puedo. Y no es que tenga la regla, que a estas alturas creo que es lo que me falta por tener, pero sí puede ser que tenga un desajuste hormonal.  Sí, chicas, soy un tío sensible.

A veces pasa que, sin una razón concreta o con muchas razones abstractas, uno tiene estados de ánimos curiosos. El de hoy se llama “perrete al que le sueltan la correa” y consiste en querer ir a todos sitios a la vez y acabar por no ir a ninguno. Y oye, acabo de tener una idea de por qué ocurre: creo que es un exceso de estímulos positivos. A saber: hace sol (esto en Londres no es baladí), he descubierto que mi nueva compañera de piso está muy buena, he puesto música (tampoco es ninguna tontería) y he recuperado la maleta que me dejé en Stansted descubriendo sus tesoros: una cerveza artesanal y conmemorativa, un simbólico cubo de Rubik y un traje y una camisa con mucho que contar.

Ahora lo que toca es decidir qué hacer, y una vez descartado el intercambiar las etiquetas de los botes de sal y azúcar, apedrear al gato del vecino y salir a comprar el pan desnudo con pintura de camuflaje en la cara, creo que no me queda otra que irme a dormir.

Buenos días.

¿Otro país es posible?

Hola, lectores del Vertedero (que a estas alturas debéis de ser ninguno). Tras mucho tiempo sin escribir, hoy me he despertado con una noticia que me ha llenado de optimismo y, por tanto, de ganas de publicar lo que pienso.No ha sido una decisión inmediata, ya que, después de tanto sin escribir un párrafo, estoy seguro de que la calidad de los de hoy va a ser bastante lamentable.

La citada noticia ha despertado varias reacciones en mi y, por una vez, todas positivas. A saber, y por orden: incredulidad, esperanza y optimismo. Y eso que va del gobierno y la escribe El País… Señoras y señores: “Rajoy publicará todos los contratos, subvenciones y sueldos públicos”.

No voy a extenderme mucho, porque es casi la hora de irse a currar, pero voy a decir que esto, para mi, es un poco el colofón de una forma de hacer de este gobierno. No voy a entrar a valorar su actuación a nivel de medidas concretas o de ideología, pero no porque no quiera, sino porque hoy no tengo tiempo, y apoyar algo que haga el PP significa oleadas de gente con la vista nublada por la ira y echando espuma por la boca. Eso vamos a dejarlo para otro día en que tenga tiempo de elaborar.

Lo que sí me hace ser optimista es que, por primera vez, veo un gobierno con un objetivo y una hoja de ruta. Sí, queridos niños, eso que parece que debería ser lo lógico y normal, hace mucho que no pasa en esta monarquía bananera de país llamada España, Especialmente durante las anteriores dos legislaturas, que en este sentido son lo más lamentable que he vivido.

Lo bueno, además, de esta noticia es que el gobierno promueve una ley en la que se corta las alas a si mismo. Algo inaudito en España y que puede marcar el inicio del final de esa filosofía en la que la ocultación de información facilita la manipulación de las opiniones y la manga ancha de la clase política.

Sí, ya sé, que esto es todo optimismo y que luego vendrá el tío Paco con las rebajas. No hemos nacido ayer, así que ya veremos en qué termina esto, y si es el embrión de todo eso que me encantaría o no es un carajo; pero, por lo pronto, ya me ha alegrado el despertar. Ojalá podamos seguir discutiendo sobre el tema, porque significaría que no ha muerto.

Me cago

Me cago en el dinero. Me cago en mi trabajo. Me cago en esta. Me cago en estos. Me cago en Londres. Me cago en las puertas. Me cago en las notas. Me cago en las agencias. Me cago en mi casero. Me cago en los rasgos de personalidad obsesiva. Me cago en el wáter. Me cago en los cinco pasos y en los ocho. Me cago en la atmósfera. Me cago en los vendedores. Me cago en los tontos. Me cago en los engreídos. ME CAGO EN TODO LO QUE SE MUEVE.

Ensalada tibia de judías y patata con huevos pochados

Hoy me ha dado por cocinar. Bueno, por cocinar me da todos los días (es lo que tiene no querer morir de hambre), pero hoy me ha dado por innovar. No sólo eso, sino que esta es una de las pocas veces en las que he innovado y el resultado ha sido bueno. Más bien, espectacular. No bromeo, he flipado.

El caso es que hoy, viendo que tengo doscientos huevos en la nevera desde hace Dios sabe cuándo, me he acordado de que una vez vi por la tele a alguien (probablemente Arguiñano) haciendo unos huevos pochados de una forma fácil y molona. Así que he buscado algo de inspiración por internet considerando los ingredientes que tenía y al final he hecho lo siguiente:

 

Ensalada tibia de judías y patata con huevos pochados

Ingredientes:

  • Judías verdes.
  • Media patata que tenía en la nevera pero que no sé de dónde ha salido.
  • Dos huevos (de gallina).
  • Un diente (de ajo).
  • Aceite (de oliva).
  • Vinagre (de vino, que parece obvio, pero en UK te echan esa mierda de malta).
  • Mostaza inglesa (sorpendentemente).
  • Sal.
  • Pimienta.

Antes de todo, yo lo he hecho como plato único (de ahí los dos huevos y la cantidad de cosas). La razón es muy sencilla: no me apetecía cocinar otro plato ni estropear la comida con un segundo a base de ganchitos.

Lo primero de todo es cocer las patatas y las judías con un poco de sal. Yo las he cocido en cazos separados porque las judías estaban congeladas y las patatas las he cortado en láminas de entre medio y un centímetro cada una. La razón por la que las láminas no tienen un grosor constante (ni siquiera dentro de si mismas) es porque en esta casa no hay un puto cuchillo que corte. Si podéis hacerlas iguales, mejor: quedarán todas igual de cocidas (incluso cada una quedará igual de cocida en todas sus partes).

Mientras se cuecen las cosas, podemos aprovechar para hacer la vinagreta de mostaza. Yo la he hecho al tuntún en cuanto a las proporciones y creo que al final ha quedado más o menos así: dos cucharadas soperas y media de aceite, Una de mostaza y otra de vinagre. Agitar con un tenedor para que emulsione, o si hacéis más cantidad, meter en un frasco, cerrar y jugar un rato a ser Carlos Gardel con un ataque de nervios.

Por otro lado, se pica el diente de ajo muy fino y se pone a freír con poco aceite cuando las patatas y las judías ya están cocidas y escurridas. Cuando empiece a dorarse se hechan las patatas y las judías y se sofríen. Yo, como he tenido la brillante idea de cortar las patatas en rodajas, he puesto a freir estas primero, para darles media vuelta rápido y sacarlas antes de que los ajos se quemaran. Tras eso, las he puesto en el plato como base (dejando los ajos en la sartén). Luego, y con más brío, he sofrito las judías. Si lo hubiera puesto todo junto, las patatas se habrían roto y mezclado con las judías, que es una opción perfectamente válida pero estaba en plan finolis. Bueno, total, que una vez sofritas las judías, se ponen sobre las patatas con los ajos y el aceite. Se deja eso ahí para que atempere (no lo queremos caliente, sino templado) y hacemos los huevos pochados.

Esta es la parte divertida. Para pochar los huevos hacemos lo siguiente:

  1. Cortamos un trozo de film transparente de ese de los bocadillos y lo ponemos abierto dentro de una taza, a modo de molde, de forma que sobre bastante film por los lados.
  2. Echar una gota de aceite sobre el film que está dentro de la taza y esparcir con el dedo, que se te quedará pegado y te joderá el montaje una y otra vez. Si por cualquier extraña mutación genética dispones de uno o más dedos extra, o eres un mono con los dedos de los pies prensiles (y por una extraña mutación genética puedes leer y cocinar), esto te resultará mucho más fácil. Créeme, diez no son suficientes.
  3. Cascar el huevo y echarlo dentro de la taza con el film.
  4. Echar sal y pimienta al gusto.
  5. Cerrar el film a modo de bolsa y asegurarlo con un cordel o un alambre de pan bimbo de forma que quede como un paquetito.
  6. Hacer lo mismo con el otro huevo (que eran dos, por si a alguien se le ha olvidado)
  7. Poner agua a calentar y echar los huevos cuando esté hirviendo. Retirarlos al cabo de cuatro o cinco minutos (más cuatro que cinco)

Una vez se sacan los huevos, se echan sobre las judías; después la vinagreta y ¡hala, a comer!

Bueno pues esto es todo. No es la primera vez que pienso en poner una receta aquí y la verdad es que, si empiezo a hacerlo con frecuencia, tendré que poner una nueva categoría para estos posts. Había pensado algo así como “Ferràn Adrià es un mierda”

Pluja d’idees absurdes

Irse de viaje a Latinoamérica. Hacer un curso de windsurf. Ir a la Tomatina. Escalar un 5000. Cazar gamusinos. Llamar al un timbre y salir corriendo. Un fin de semana en Londres. Saltar en paracaídas. Buscar a Wally en el calendario de bomberos. Sorber un flan. Hacer un concurso de escupir huesos de aceituna. Hacer un concurso de escupir a la gente desde el balcón. Un curso de buceo. Tirarse un pedo en clase y acusar a alguien de la primera fila (por repelente). Hacer rafting. Cazar un jabalí y comerlo crudo. Empapelar la facultad con una foto de tu propia mierda en la que ponga “Se ha perdido. Se gratificará”. Un curso de fotografía de desnudos. Una carrera de carts. Filmar una película porno. Ir a Vaquillas. Hacer ala delta. Montar un mueble de Ikea con todas las piezas en el sitio equivocado y que se aguante. Ir a comprar droga a la droguería. Ir a comprarle abrillantador de suelos a un camello. Ir en globo. Tatuarte una cara sonriente en el culo. Una cata de vinos. Sphereing. Apuntarse a risoterapia. Decir un número del 1 al 29 y hacer lo que salga.